Andrés Carranque de Ríos (1902-1936)

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Una vida triste en muchos sentidos, pero también interesante y apasionada.

Al leer su biografía me imagino si viviese en pleno 2008. Quizás habría sido durante algún tiempo un “okupa”, indigente, o habría sido arrestado por enfrentar al orden público.

No sabía de la existencia de su libro “Cinematógrafo”, el cual creo que voy a leer por mostrar ideas tan idénticas a lo que ocurre hoy en día en el mundo del cine.

De origen proletario, este novelista español, nació en Madrid, en la calle Mira el Río, en 1902, hijo primogénito de una numerosísima familia de catorce hermanos. Su padre era portero del matadero municipal.

El marco social en el que se desenvuelve la infancia de Carranque es Lavapiés y el Rastro madrileño, con sus buhoneros y quincalleros. Apenas cursó estudios primarios, acuciado por la modesta economía familiar. A los seis años comenzó a vender periódicos por la calle, a los trece entró de aprendiz en una ebanistería y dos años después participó en los asaltos a las tiendas de comestibles de la calle Embajadores durante las huelgas de mediados de agosto de 1917. También tuvo que trabajar como vendedor ambulante, representante de boxeo, peón de albañil, estibador y marino.

A comienzos de 1918 se fuga a Bilbao y de allí marcha a Santander embarcando como polizón en un barco hacia Saint-Nazaire, Amberes y París, donde le detienen por vagabundo. De la capital francesa regresa a España durmiendo a la intemperie en las estaciones de todas las ciudades intermedias del recorrido.

Intervino en la fundación del grupo anarquista Spartacus, actividad política que le condujo a la cárcel en un par de ocasiones. El día de la ejecución del presidente Dato difundió una octavilla por Madrid animando a los obreros a emprender esa vía armada.

Luego viajó a Málaga y Fuengirola, donde le detienen de nuevo y narra esta experiencia carcelaria en el relato Cuatro hombres encarcelados. De allí lo trasladan a la cárcel Modelo de Madrid, en la que permanece encerrado otros seis meses más, aprovechando el tiempo disponible para leer incansablemente más de un libro diario.

Al salir de prisión marcha de nuevo a París, siempre de polizón en los trenes, por lo que le detienen al llegar e ingresa en la cárcel de la Cité. Una vez libre, como es su costumbre, duerme en la calle y come cuando puede. Unos amigos anarquistas le encuentran trabajo como barnizador, pero se autolesiona para cobrar el seguro y eso le permite pasar el tiempo entre bibliotecas y museos.

En este viaje, con diecinueve años, escribió Nómada, su primer libro, una colección de versos que pasó desapercibida en aquella época. No obstante, en él hay dos poemas significativos, uno de ellos dedicado a Rosa Luxemburgo y otro a Carlos Liebknecht. Su título es bastante significativo de la peripecia vital que atravesaba, siempre entre la bohemia, el cine y la literatura. Para poder publicarlo se traslada a España en 1923 y logra que un huevero anarquista de la Plaza de los Mostenses se lo financie. Perdió la inversión porque sólo se vendieron cinco ejemplares de toda la edición, un rotundo fracaso, no sólo comercial sino también literario.

En ese mismo año de 1923 cumple el servicio militar en Artillería y, al terminar, escribe relatos breves que publica en periódicos y revistas. Su interés por la literatura intentó compaginarlo con actividades más prácticas que le proporcionasen un medio de subsistencia, entre ellas el de actor de cine, aunque sólo fuera como extra.

El 5 de noviembre de 1930 emprende su tercer viaje a París para tratar de intervenir en las primeras películas de cine sonoro en castellano que allí se iban a rodar. Pero los contratos no llegan.

Es entonces cuando conoce Jean Cassou y al poeta René Crevel que le abre las puertas de los cenáculos surrealistas de París. Pero a finales de 1931 está de regreso en España con su primera novela, Uno, bajo el brazo, que logra publicar tres años después, con un prólogo de Pío Baroja, a quien conoció a raíz de su interpretación cinematográfica como extra en una versión de Zalacaín el aventurero. También trabajó como extra en la conocida película La del soto del Parral. Pío Baroja, al igual que Pedro Salinas, fue un rendido admirador de Carranque. De él dijo: “Carranque entra en la literatura con garbo y prestancia”.

El éxito de esta novela en mayo de 1934 le empuja a escribir con ahinco, y a colaborar en la prensa (Ahora, La Voz, Heraldo de Madrid, Estampa y Ciudad), publicando media docena de relatos. También emprende su segunda novela La vida difícil, redactada en enero de 1935 en el estrépito de los cafés y tabernas. Esta novela está teñida de madrileñismo y de identificación con las clases populares de la ciudad.

Al año siguiente parte nuevamente hacia París en su cuarto y último viaje, formando parte de la delegación española al I Congreso Internacional para Defensa de la Cultura. Al llegar a la capital francesa acude a visitar a Crevel a su casa y comprueba que éste acaba de suicidarse el día anterior.

Un mediano reconocimiento literario lo obtuvo en 1936 con la novela Cinematógrafo, enmarcada dentro de la más pura tradición realista de nuestras letras, sin que por ello le sean ajenas las influencias de Dostoievski, Cinematógrafo es la obra maestra de Carranque.

Esta novela lo dice todo del gran escritor madrileño. Mientras los señoritos nos hablan del cine desde el patio de butacas, mientras contemplan absortos a las estrellas, Carranque nos da una perspectiva bien distinta, de la que jamás se habla. Nos describe el cine desde dentro, la industria del cine, o sea, la explotación de los trabajadores del cine por una caterva de canallas, siempre prestos a apoderarse de las ilusiones y los esfuerzos de cuantos anhelan librarse de la miseria gracias al nuevo invento.

Con esta novela obtuvo una efímera gloria en vida, ya que al tiempo de su publicación se le detectó un cáncer de estómago que acabó con sus días el 6 de octubre de 1936, poco después de estallar la guerra civil.

La obra de Carranque de Ríos se integra en la gran corriente de la novela social de preguerra, que abanderaron autores como Díaz Fernández, Arconada o Arderius. La literatura de Carranque tiene que ver con los trabajos y ambientes en que se desenvolvió su vida. Los personajes están movidos con una clara intención social; son individuos desdichados, humillados y ofendidos por una sociedad injusta.

Cinematógrafo, su novela más celebrada, es una obra barojiana de tintes también autobiográficos, coral, que se ha tildado de espontánea, desordenada, veraz, tierna, violenta y delicada, calificativos que vienen a adornar el buen ritmo narrativo, las pequeñas dosis de humor y el lirismo que presenta.

La novela es un paseo por Madrid. Por sus calles y plazas ciertamente. Por Mesón de Paredes, la Plaza Mayor, la Plaza de la Cebada, la Pradera de San Isidro, la calle Segovia y la Puerta de Toledo. Pero sobre todo es un retrato de sus gentes, de esa muchedumbre solitaria que cada minuto busca cómo saciar su hambre y a quienes la vida pone obstáculos gigantescos a cada momento: La vida no es más que una serie de contrariedades. Es un retrato de las casas de empeño, las pensiones, los pantalones zurcidos, los agujeros de los calcetines y las estrechas buhardillas.

Es cierto -dice Carranque- los humildes somos gente triste: Lo único agradable de la vida es lo que pasa por nuestro lado como un sueño. Incluso somos gente solitaria: No tengo amigos parece gritar el relato desde su mismo comienzo. La ciudad parece arrastrar hacia la incomunicación y el aislamiento. Esos personajes populares que se cruzan todos los días en la calle con los mismos problemas no tienen familia, amigos, ni vecinos, de modo que en sus funerales apenas se congregan un par de conocidos.

Pues bien: toda esa muchedumbre agobiada por la supervivencia cotidiana, no obstante su miseria, tiene el temible arma de la dignidad personal: se les explota -no tienen otro remedio- pero no se venden. No están vencidos: quieren aprender (¿qué es la anarquía pregunta uno de ellos incansablemente?) pero no les dejan. La superación personal choca con un muro exterior, levantado para tutelar unos inicuos y miserables intereses sociales.

Frente a ellos, Carranque describe cómo los explotadores se vanaglorian de su dinero y derrochan con ostentación. Éstos sí que son realmente ignorantes y mediocres, únicamente precupados por acumular cada vez mayores ganancias a costa de no importa qué ni quién. Vigilan día y noche la Casa del Pueblo y boicotean a todos los que se acercan a ella.

Consecuencia de todo ello es una cultura -en este caso cinematográfica- raquítica y llena de tópicos: toreros, señoritos y folklóricas. Pero la cultura no es sólo instrucción, sino quizá más que otra cosa falsificación, el fetichismo de embaucar al espectador un mundo que no sólo no existe, sino que encubre el verdadero: Se comía poco pero se soñaba con la niebla blanca que se aplasta sobre las pantallas del mundo. No sólo de Madrid, dice Carranque, sino de todo el mundo.

Como demuestra la novela, el cine no es sólo intoxicación, sino también explotación de todos los que trabajan en esa industria, a quienes se les hace creer que pueden llegar a ganar millones, pero que deben empezar trabajando gratis.

La Editorial Viamonte de Madrid ha reeditado recientemente su novela Cinematógrafo con un lamentable prólogo del plumífero Antonio Muñoz Molina que por dos veces afirma erróneamente que Carranque murió antes de estallar la guerra civil. En 1999 Ediciones del Imán sacó en un volumen la Obra completa de este autor olvidado que, aunque corta, es extraordinariamente interesante.

Para el estudio de la vida y los escritos de Carranque es imprescindible la consulta del libro de Jose Luis Fortea titulado La obra de A. Carranque de Ríos publicada por la Editorial Gredos en Madrid en 1973. Recientemente la Editorial Martínez Roca ha publicado un interesante libro titulado La sombra del anarquista, basada en la vida del escritor madrileño. Se trata de una novela histórica muy ajustada a la realidad, escrita por el bilbaíno Asís Lazcano que ha sido finalista del premio Alfonso X el Sabio 2006.

Fuente

3 comentarios »

  1. Blanca dicho:

    Si le interesa, la editorial Cátedra, publicó una edición que preparé sobre “LA vida difícil”, la segunda obra del autor.

    Espero que resulte de su agrado.

    Blanca Bravo.

  2. Carmen dicho:

    Muchas Gracias, Blanca. Sí, me gustaría mucho leer este libro.

    Tomo nota para adquirirlo en breve.

    Saludos.

    Carmen

  3. Estel Julià dicho:

    Hola Carmen,

    He llegado hasta aquí no sé cómo, en la búsqueda de este hombre, que me parece muy interesante.

    Te felicito por esta entrada y este lugar que me parece igualmente interesante.

    Un saludo,

    Estel J.


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