Invisible…

Este año no tengo amigo invisible. Y la verdad es que cuando recuerdo las veces que lo tuve me embarga esa nostalgia casi infantil: el hecho de saber que alguien cuyo rostro uno desconoce está pensando en tí, qué regalarte, qué es lo que te puede gustar. Una cita a ciegas llena de candor. La última vez que tuve que regalar algo a un amigo invisible, resulta que no recibió mi regalo. Y yo no recibí nada en absoluto tampoco. Varios cientos de personas supongo que fueron timadas por una empresa que se ofrecía como “intermediaria”. A través de Amazon.com teníamos que escoger algo que fuese “favorito” o “deseo” de la persona en cuestión. En su página ví algunos cd´s, dvd´s… y escogí la banda sonora de una película. Al cabo de semanas descubrí que no había recibido nada (lo supe gracias a un amigo común de nuestras listas) y por supuesto yo tampoco recibí nada. Pero ya éramos adultos. De pequeña recuerdo que cada año celebrábamos esos días de ilusión sin saber exactamente qué recibiría ni de quién. Creo que era una forma bonita de hacer el bien sin mirar a quién…

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